domingo, 1 de junio de 2014

JAG MATAN TORAH -- JAG SHAVUOT SAMEAJ


PERSONALIDADES DE SHAVUOT: RUTH



Quizás la razón más importante para la lectura del Libro de Ruth en este festival sea el hecho de que nos brinda una vivida descripción del perfecto Guer Tzedek, el prosélito o converso al judaísmo.
Shavuot es la época de la "Entrega de Nuestra Ley", y cuando la recibimos, nosotros también, como el Guer Tzedek, juramos aceptar la Torá y cumplir sus 613 Mitzvot —mandamientos—.
Los sinceros judíos de todas partes, no cesan de enorgullecerse por su aceptación sin vacilaciones de la Torá y sus magnificas enseñanzas. A pesar de todas las aparentes restricciones y responsabilidades, que coloca sobre los hombros de todo judío adulto, éste siempre tiene conciencia del privilegio de formar parte del "pueblo elegido" por Di-s.
Nosotros, los judíos, no buscamos prosélitos, o conversos.
Cuando un Guer viene y dice que quiere abrazar el judaísmo, nuestra Torá nos dice que es deber nuestro indicarle todas las dificultades y el peso de la responsabilidad que cabe a cada judío para cumplir dignamente la Torá. Debemos demostrarle que está eligiendo un camino muy difícil, y un modo de vida que no es popular en el resto del mundo.
Si, a pesar de todas estas consideraciones y advertencias, el Guer insiste en su deseo de abrazar el judaísmo, entonces sí podemos estar orgullosos de aceptar un hombre así en nuestra congregación, pues seguramente será un judío devoto y sincero.
Onkelos, el famoso autor del Targúm (traducción armaica de la Biblia), fue un Guer Tzedek, y también lo fue Ruth.
Ruth era una princesa Moabita que profesaba altos ideales.
No estaba satisfecha con la adoración de ídolos en su propio pueblo, y cuando se presentó la oportunidad, abandonó los privilegios de la nobleza en su tierra para aceptar una vida de pobreza entre el pueblo que admiraba.
He aquí cómo ocurrió.
Eran los días en que los Jueces regían Israel.
Los hijos de Israel se habían alejado de la observancia de la Torá, haciéndose acreedores al castigo de Di-s. El hambre reinaba en toda la tierra.
Había un cierto personaje en Judea llamado Elimelej. Era un rico mercader que no estaba acostumbrado al hambre y la pobreza, y pensaba que podía escapar a la miseria yéndose a otro lado. Junto con su esposa Naomí, y sus dos hijos, emigró a Moav.
Ruth se hizo amiga de la familia judía, y comenzó a comparar su modo de vida, diferente, con el que ella llevaba.
Aprendió a admirar las leyes y costumbres judías, y la desazón que había sentido ante la vacía adoración de ídolos por parte de su pueblo se transformó en abierta crítica.
De esta manera, cuando uno de los hijos de Naomí le propuso matrimonio, se sintió feliz y orgullosa de aceptar.
No tuvo remordimientos por lo que dejaba atrás, su vida plena de luz en el palacio, su título real, las posibilidades de riqueza y honores en futuro. Todo lo que veía era el egoísmo y la crueldad de su gente, y diferencia notoria con los judíos, a quienes ya se sentía profundamente ligada.
Elimelej y sus dos hijos murieron, y Naomí se convirtió en una pobre viuda, sin saber hacia dónde ir o qué hacer.
Por eso, dijo a Ruth y a su otra nuera, Orpá (también moabita):
—Hijas mías, debo irme, y he decidido regresar a mi ciudad natal, Bet-Lejem. Las cosas no pueden estar muy bien allí, y no hay razón para que vosotras también sufráis. Aceptad mi consejo, entonces, y regresad a la casa de vuestros padres. Vuestros esposos están muertos, y quizás, si os quedáis en vuestra propia tierra, podréis encontrar otros hombres y volver a casaros. Yo he perdido a mis hijos para siempre, pero vosotras sois jóvenes, y podréis encontrar nuevos maridos.
Orpá se entristeció, besó a su bondadosa suegra y se despidió de ella. Ruth se aferró a Naomí llorando y le suplicó que le permitiera ir con ella.
Se lo imploró con palabras emocionadas, diciendo:
—No me pidas que te deje y me vuelva, pues donde tú vayas, allí iré yo, y donde tú te hospedes, allí me hospedaré yo; tu pueblo es mi pueblo, y tu Di-s mi Di-s; donde tú mueras yo moriré, y allí seré enterrada; que esto y más me haga el Señor si nada más que la muerte nos separa.
Ruth era perfectamente consciente de lo que hacía. Naomí le había recordado las dificultades que el judío enfrentaba en todo momento, pero con todo, permaneció firme en su propósito de seguir a su suegra y aferrarse a la fe de su adopción, que se había vuelto tan preciosa para ella.
El futuro probaría que Ruth seria recompensada con justicia por su resolución, mas, aún en su pobreza, Ruth no tuvo remordimientos.
Era la época de la cosecha cuando Rut y Naomí llegaron a tierra de Iehudá —Judea—.
Ambas estaban cansadas de su viaje, y Ruth insistió que Naomí descansara, mientras ella salía a los campos de Bet-Lejem para encontrar algo con qué paliar el hambre.
Ruth penetró en un campo donde muchos hombres estaban ocupados cortando trigo, mientras otros los ataban con hojas y otros más los apilaban en carretas para su transporte.
Un poco vacilante, pero alentada por el hambre y el pensamiento de que debía obtener algo de comer para su suegra, Ruth ingresó al campo y se sentó a descansar, y ver si allí tenía suerte.
— ¡Di-s sea contigo, extraña!
Ruth hizo señas de haber recibido el amable saludo. Se sintió aliviada al escuchar a la misma persona bondadosa continuar:
— ¿Por qué no te adentras más en el campo? No temas. Junta algo de grano para satisfacer tu hambre.
Boaz mismo, el dueño del campo era el que así hablaba a Ruth. En ese momento, él era el Juez de Israel.
Ruth le agradeció y recogió algunas mazorcas.
Estaba por retirarse cuando la misma voz bondadosa le instó a quedarse y juntar aquellas que los hombres habían dejado de cosechar en las esquinas del campo, como "Peá".
— ¿Qué es peá? —preguntó Ruth.
Nuestra Torá nos dice que cuando el dueño de un campo ha cortado el grano, debe dejar las esquinas para los pobres, los necesitados y los extranjeros, quienes pueden venir a cosecharlo ellos mismos y llevarse el fruto de su trabajo —contestó Boaz.
— ¡Qué maravilloso! —exclamó Ruth.
Se quedó pues a cortar el grano de una punta del campo, y culminada su labor se preparó para retirarse.
—No necesitas irte todavía —insistió Boaz— ¿Por qué no te quedas y te beneficias con Léket?
— ¿Qué quiere decir Léket? —preguntó nuevamente Ruth.
— Según nuestra Torá, si un cosechador no corta de un solo golpe la espiga, o no la ve, no puede volver atrás, sino que debe dejar el grano que no ha cortado, o se le ha caído, como beneficio para los pobres y extraños—explicó Boaz pacientemente.
Ruth no dijo nada, pero no vio razón alguna para rehusar beneficiarse con las leyes de la Torá que ella misma había abrazado sin reservas.
Cuando hubo recogido toda una canasta, volvió a Boaz, le agradeció muy sinceramente por su bondad y se dispuso a partir.
—Aun puedes quedarte —insistió Boaz—. Puedes tomar Shijejá.
—La Torá es verdaderamente ilimitada al velar por aquellos menos afortunados —dijo Ruth— ¿Ahora dime por favor qué es Shijejá?
—Cuando el propietario de un campo lleva su carga de grano hacia los depósitos, es posible que haya dejado por olvido algunos fardos en el campo. Pues bien, la Torá le prohíbe regresar y recogerlos, y debe dejarlos para los pobres, las viudas, los huérfanos y los extraños.
Ruth se alegró con su buena fortuna.
Había juntado casi más de lo que podía llevar. Naomí y ella estarían ahora a salvo del hambre, por un buen tiempo. Agradeció a Boaz una vez más, y éste le hizo prometer que volvería.
Ruth estaba llena de emoción mientras se dirigía en busca de su suegra. Le relató todo lo que le había sucedido en los campos de Boaz. Naomí se sintió feliz con el éxito de Ruth y con el hecho de que ésta hubiera agradado a Boaz, el generoso terrateniente. Además, le dijo a Ruth que Boaz era pariente de Elimelej. Entretanto, Boaz había hecho averiguaciones sobre la extraña que había capturado su corazón, y descubrió que era la nuera viuda de Naomí. Debido al parentesco existente, y de acuerdo a las leyes de la Torá era recomendable que Boaz contrajera enlace con Ruth y así se lo hizo saber.
Cuando Boaz pidió a Ruth que se casara con él, Naomí le recomendó aceptar.
De esta manera Ruth fue imprevistamente recompensada con riqueza y felicidad.
Ruth y Boaz tuvieron un hijo llamado Oved, quien fue padre de Ishai. El hijo menor de Ishai fue David, quien se transformó en el ungido del Señor y querido rey de todo el pueblo judío.
Extraído de “Shavuot, día de días” . Gentileza de Kehot Lubavitch Sudamericana. Todos los derechos reservados.
Por Nissan Mindel

SHAVUOT: 50, el número de la trascendencia

El número 50 es el distinguido número de la trascendencia. La cuenta hasta 50 se compone de dos etapas esenciales y diferentes.
La primera fase es la progresiva elevación paso a paso desde el 1 al 49. Como el cuadrado de 7 (7²=49), 49 denota el ciclo completo dentro del universo físico (1). Este es un desarrollo natural. Puede ser el límite más extremo en lo que respecta a la naturaleza, pero no es el punto final. El destino final de un judío es su llegada a la segunda fase, la fase donde da el salto sobrenatural necesario para pasar desde el 49 al trascendental 50.
La progresión desde el 49 al 50 tiene como precedente el peldaño que lleva del 7 al 8. El alma se compara con el séptimo centro de santidad dentro del cuerpo que santifica las 6 direcciones del mundo físico hacia búsquedas espirituales (2). A través de este proceso, el alma puede elevarse (acarreando también al cuerpo) hacia la perfección (3). En términos numéricos, el 8 es sinónimo de la entrada a un plano más elevado y trascendental (4). Y la llegada al 50 marca similarmente la entrada a este estado elevado.

Un pasaje a Sinaí

Quizás la cuenta hacia el número 50 encuentra su expresión histórica más conocida en el Éxodo.
Éxodo: 50
El evento crucial que conmemora el nacimiento de los hijos de Israel como nación fue el Éxodo de Egipto. No sólo recordamos dos veces al día este hito (5), sino que gran parte de la observancia de las mitzvot está marcada por repetidas referencias al Éxodo. Su importancia central se debe a que este evento celebra el nuevo estado de existencia del pueblo judío.
La salvación no fue solamente de la esclavitud física, sino también de la visión de mundo egipcia. El Éxodo nos liberó de una visión restringida por el ámbito natural (6). La redención catapultó a Israel a un estado alternativo de realidad. Ellos intercambiaron lo restringido por lo irrestricto, lo natural por lo sobrenatural y lo ordinario por lo extraordinario. Fue el evento trascendental que definió a Israel: el pueblo elegido de Dios. Su calidad trascendental se volvió evidente luego de su liberación vanguardista.
El evento histórico del Éxodo es mencionado en la Torá un total de 50 veces (7). Y el proceso de redención que comenzó en el primer día de Pesaj llegó a su completitud 50 días después en el monte Sinaí. De hecho, Dios liberó a los hijos de Israel para que ellos aceptaran la Torá. La instrucción Divina que Dios le dio a Moshé en la zarza ardiente fue guiar a Israel fuera de Egipto y llevar a la nación a servir a Dios en esa montaña (8).
Shavuot: día 50
Las 50 etapas de redención requirieron un intervalo mínimo de 49 días para lograr la metamorfosis nacional. Antes de su liberación, los hijos de Israel se habían hundido hasta el punto más bajo de impureza espiritual: el nivel 49 de impureza. El Éxodo introdujo un proceso de limpieza espiritual. Israel se embarcó en un camino gradual de ascenso, un nivel tras otro. El de ellos fue un incremento fenomenal desde su degradada posición en el nivel número 49 de impureza hasta el nivel número 49 de pureza (9). Finalmente, ellos llegaron al pináculo espiritual más alto en el día 50 (10).
Este periodo abarca las fiestas de Pesaj y Shavuot. Hay una alusión a dicho camino en la famosa mitzvá que conecta este espacio de tiempo: la Cuenta del Omer de 50 días desde el día de la recolección de la medida de un Omer de la nueva cosecha de cebada, la cual era ofrecida en el Templo en el segundo día de Pesaj: "Y contarás para ti… 7 semanas que serán completas hasta la mañana después de la séptima semana; y serán 50 días…"(11).
Torá: 50.
Shavuot es la única fiesta que no es mencionada en relación a una fecha específica del calendario judío lunar. Su clasificación como el momento de la entrega de la Torá aparece registrada como el día 50 después del Éxodo. Esto establece firmemente a Shavuot como el clímax del Éxodo. En la relación entre Dios e Israel, la entrega de la Torá en Sinaí es llamada ‘el día de tu boda’ (12).
El matrimonio celebra el compromiso total de dos partes. Las obligaciones de un acuerdo matrimonial judío son registradas en la ketuvá, el contrato matrimonial. La compensación monetaria que fue asignada para una mujer soltera es de 50 shekels de plata (equivalente a 200 zuz/dinares en la moneda de la época de la Mishná) (13). Esta suma encuentra su perfecto paralelo en la entrega de la Torá, en donde los deberes contractuales del día de boda de Israel se hicieron efectivos en el día 50 después del Éxodo.
Allí Dios le entregó a Su querida nación el mejor regalo de bodas de todos: el regalo de la Torá. La calidad metafísica de la Torá generalmente es representada como cualidades del intelecto Divino. Su naturaleza trascendental está por encima de la existencia física de este mundo. De forma sumamente apropiada, la Torá fue entregada al comienzo de la 8va semana después del Éxodo, con lo cual ingresó en el simbolismo del número 8 que trasciende el ámbito natural representado por el número 7. Además, el número 50, que viene luego del ciclo de 7 semanas, comparte la cualidad de "fuera de este mundo" del número 8 (14).
Shavuot, que corresponde al día número 50 después de la salvación egipcia —en la semana 8—, se relaciona con la naturaleza trascendental de la Torá (15). En su forma singular, se dice que la palabra Torá aparece 50 veces en la Torá (16).
Paralelo al número 8, el nivel 50 se relaciona con aquello que está "fuera de este mundo" (17). El Mishkán (Santuario) y posteriormente el Beit Hamikdash (Templo) giraban en torno a la Torá, que era representada por la Lujot (Tablas), las cuales eran guardadas en el Kodesh Hakodashim (Santo Sanctórum). (En sí misma, la construcción de una Casa para Dios sirvió para inmortalizar la entrega de la Torá en Sinaí) (18). La compra del terreno del Templo se llevó a cabo a través de los 50 shekels de plata que pagó cada tribu (19). La máxima edad para que un Levi sirviera en el Templo era 50 años (20). La cámara más interna, el Kodesh Hakodashim, se relaciona particularmente con este nivel trascendental del número 50 (21). Y había 50 ganchos dorados sobre la extensión del techo que estaba directamente arriba de la cortina que cubría la entrada al Kodesh Hakodashim (22).

Por sobre la naturaleza

Hemos visto que 50 representa el camino completo hacia la aceptación de la Torá en los 50 días que hay entre Pesaj y Shavuot. El pasar por la vida hace un llamado al judío para que imite el viaje nacional hacia Sinaí; él debe proceder hasta el final natural, y luego seguir más allá de él. Debe trascender lo finito y tocar la sublime 50ava puerta, la cual está más allá de las reglas naturales de este mundo (23).
50: a la distancia.
El número 50 se utiliza como la medida que pone algo a la distancia. El Talmud habla del uso de una cuerda que mide 50 codos para asuntos como la medición de una distancia de 2.000 codos del tejum de Shabat, la distancia que uno puede recorrer en Shabat que está más allá de la ciudad (24). Debido al impacto negativo de un granero, una curtiduría de cuero y un cementerio, estos no tenían permitido halájicamente estar a menos de 50 codos de la ciudad (25). Y obviamente el viaje de 50 días desde Egipto a Sinaí aseguró que Israel dejara de estar bajo la pecadora influencia de su pasado idolatra.
Se requirieron nada menos que 50 etapas de redención, paralelas a las 50 veces que el Éxodo aparece en la Torá, para alcanzar una clara ruptura con el pasado. Y en el día 50, Shavuot, se rompieron finalmente las cadenas de la esclavitud. Esto aparece registrado en el relato del Éxodo en el versículo de apertura de los 10 Mandamientos: “Yo soy Hashem tu Dios Quien te sacó de la tierra de Egipto de la casa de la esclavitud” (26).
50: Puertas de entendimiento.
La formación del pueblo de Israel en los 50 días entre Pesaj y Shavuot entra también en otro aspecto de simbolismo que se encuentra en este número. Dios creo el universo con 50 Puertas de Entendimiento (Shaarei Biná) (27). Las 50 puertas se relacionan con los niveles espirituales ascendentes en el mundo a través de los cuales el hombre debe pasar para descubrir los secretos internos de la creación y para comprender los poderes, las capacidades y las fuerzas vitales que hay dentro de ella (28).
En cierto sentido, los 50 Shaarei Biná representan la lejana distancia que existe entre el hombre y la sabiduría de Dios. Es imperativo que el hombre atraviese estas Puertas del Entendimiento en un viaje para descubrir la sabiduría Divina que está escondida en las palabras de la Torá. Esto a menudo implica utilizar el razonamiento deductivo (biná en hebreo) para derivar "una cosa de otra" (29). Biná se relaciona con la palabra bein, que significa ‘entre’ (30), lo cual indica la distancia que el hombre debe atravesar para acercarse a su Creador.
Los 50 días del Omer son paralelos a los 50 Shaarei Biná (31). La palabra biná se relaciona además con la palabra binián, ‘edificio’ (32). La cuenta del Omer hacia Shavuot es el proceso de construcción en el cual el judío se construye a sí mismo desde el precario nivel de un animal hasta las alturas espirituales de un ser Divino (33). Es una invitación a recorrer los 50 portones de sabiduría Divina, en la cual el hombre intenta trascender lo natural y tocar el ámbito supernatural en el cual ganará una percepción más clara de Dios.
El nivel más alto que es humanamente posible es el de 49 puertas; es Dios quien le permite a la persona dar el salto final de 49 a 50. El ser humano que pasó a través de las 49 puertas completas fue Moshé (34). Sin embargo la ultima puerta, la número 50, estaba más allá de su alcance. El secreto de este último paso está dentro de la naturaleza secreta de Yovel (35).
Yovel: el año número 50.
Los 7 ciclos semanales de 7 días que duran hasta el día 50, Shavuot, tiene su paralelo obvio con los 7 ciclos de Shemitá, ciclos sabáticos de 7 años que culminan en el año 50, el Yovel (Año del Jubileo) (36). Yovel marca la conclusión de una época. Todo lo que ha ocurrido anteriormente —incluso algo que es llamado le olam, para siempre (37)— termina. La pizarra queda limpia. Todo regresa a su estado original para permitir que el proceso comience nuevamente.
Shemitá es clasificado como santo y como Shabat; Yovel es Santo de los Santos y "Shabat de Shabatot" (38). En realidad, la descripción de Yovel como Shabat de Shabatot es compartida por la fiesta de Iom Kipur, el Día del Perdón (39). En esta fecha, la nación judía fue perdonada por el pecado del Becerro de Oro que había menoscabado a la Torá que fue entregada en el Día 50. Una nueva era comenzó cuando Moshé le entregó a Israel las segundas Tablas en Iom Kipur (40). Esto demostró que Dios había perdonado a Israel, asegurando que Él no los destruiría.
El proceso de teshuvá, arrepentimiento —el cual está relacionado con biná (41)—, hace que el pecado sea erradicado. ¿Qué ocurre? La persona se relaciona con sus raíces trascendentales, regresa a Dios, y emerge como una nueva creación (42). Interesantemente, hay un total de 50 días de teshuvá desde Rosh Jodesh Elul (29 días) hasta el final de Hoshana Rabá (21 de Tishrei) (43).
La palabra yovel también se refiere al cuerno-shofar de un carnero (44). De hecho, el año 50 asumía el estatus de año de Jubileo solamente una vez que sonaba el shofar (45). El yovel/shofar era tocado en Iom Kipur (46) del año 50. Proclamaba que las personas y los objetos volvían a su posición original. Los campos vendidos regresaban a sus dueños originales, y los esclavos judíos eran liberados de su cautiverio (47). Ellos regresaban libremente a su verdadera identidad.
Yovel replica el impacto del shofar de despertar al hombre hacia el arrepentimiento (48). La libertad de Yovel no tenía obstáculos de ningún tipo. Denota el punto trascendental que se estira más allá de cualquier atadura previa.
50: todo en uno
En este mundo no puede haber una expresión humana independiente en el nivel 50; éste sigue siendo la máxima e inalcanzable dimensión Divina, la cual puede ser caracterizada como elevada o aparte de todo lo que la precede. Trasciende el mundo natural y la experiencia humana (49).
En un aspecto, el 50 es el número incontable. El periodo del Omer dura por 50 días, pero sin embargo solamente se cuentan 49. La cuenta de 49 lleva automáticamente a la llegada del 50. Este estado elevado fue alcanzado en Sinaí. Sobrepasó todo lo que venía antes de él (50). Fue en el día 50, Shavuot, que la unión entre Israel y Dios fue solemnizada al igual que un matrimonio (51).
Con este acto, la nación judía trascendió sobrenaturalmente la existencia de este mundo para unirse con Dios (52). Israel alcanzó esta unidad cuando llegaron a Sinaí a acampar en un estado unificado: como una sola persona con un solo corazón (53). Los nombres de las 12 Tribus de Israel, que fueron grabados en las Piedras que usaba el Kohen Gadol, tienen un total de 50 letras (54), y fueron fusionadas como una sola entidad con su Creador.
Así, el 50 es el punto de llegada. Es el punto en que el hombre ha llegado al final de su travesía. Este es el nivel máximo; él hombre ha completado exitosamente las etapas del pasaje natural que se requieren y ha progresado para trascender y elevarse al nivel Divino de eternidad. Ésta es la dimensión de la Torá, de entendimiento Divino, de verdadera libertad. Es donde Israel trasciende para convertirse verdaderamente en uno con Dios.
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(1) Ver “49: Medida completa”.
(2) Ver “7: Una chispa divina”.
(3) Ramjal, Dérej Hashem 1:3. El reingreso del alma al cuerpo después de la resurrección está destinada a impulsar al hombre a un nivel espiritual más alto del que podría alcanzar en vida.
(4) Ver “8: Fuera de este mundo”.
(5) Brajot 12b.
(6) La raíz de la palabra מִצְרַיִם se relaciona con la palabra מֵיצַר, aprietos, como en el versículo, todos sus perseguidores la sobrepasaron dentro de los aprietos (בֵּין הַמְּצָרִים) (Eijá, 1:3).
(7) Zohar 2, 85b; 3, 262a. Ver Sfat Emet, Shabat HaGadol 5634, sobre cómo las 50 referencias al Éxodo corresponden a las 50 semanas y 50 Shabatot en cada año. Ver también el Gaón de Vilna, Tikunei Zohar, p. 84.
(8) Shemot 3:12.
(9) Ver "49: Medida completa".
(10) Su desarrollo es bellamente simbolizado en el periodo de maduración de 50 días de una manzana, una alusión a recibir la Torá. El Midrash cuenta que la manzana tarda 50 días en madurar y que esto ocurre en Siván (Shir Hashirim Rabá 2:2). Esto es una referencia al periodo de 50 días que hay entre Pesaj y Shavuot, cuando la nación judía abrazó la Torá. (La manzana simbólicamente se relaciona con la declaración Naasé venishmá, "Haremos y escucharemos", Shabat 88a. Ver Tosafot, ad loc. sobre cómo la manzana se relaciona con el etrog).
(11) Vaikrá 23:15-16.
(12) Shir Hashirim 3:11 y Rashi ad loc.
(13) Mishná, Ketubot 1:2. Una mujer viuda divorciada que vuelve a casarse tiene derecho a la mitad de esta suma, es decir 100 zuz. La cantidad básica de 50 shekels de plata para una soltera se aprende de las leyes de la penalización que debe pagar un hombre que viola o seduce a una mujer soltera. (Devarim 22:29; Ketubot 10a).
(14) Maharal, Tiferet Israel 25.
(15) Maharal, ibid. Aunque la cuenta del Omer se dice que es por 50 días, solamente se cuentan 49. Uno no cuenta, y de hecho no puede contar, el 50. No es simplemente otro día que sucede al día 49. Es separado y está aparte; va más allá de lo posible, más allá de lo contable.
(16) Rokeaj, Devarim 6:7.
(17) Ver Tanjumá, Pinjas 15, sobre cómo Shminí Atzeret, el octavo día después del comienzo de Sucot, debiera haber sido puesto idealmente 50 días después de Sucot, tal como el día de Shavuot fue puesto 50 días después de Pesaj. Ver "8: Fuera de este mundo".
(18) Rambán, Shemot 25:1 (Introducción a Terumá). Ver "410: Primer Templo".
(19) Zevajim 116b. Ver también Suca 53a y Sifri, Naso 42 por sobre cómo David compró el sitio del altar por 50 shekalim.
(20) Ver Bamidbar 4:3, 23, 30, 35, 39, 43, 47.
(21) Maharal, Jidushei Hagadot, Rosh Hashaná 21b. Ver "8: Fuera de este mundo".
(22) Shemot 26:6. Ver Rokeaj, Shemot 26:6, p. 141, sobre cómo los 50 ganchos de oro que unen las cortinas son paralelos a las 50 veces que la palabra Torá es mencionada en singular en el Jumash.
(23) Ver Maharal, Netivot Olam, Netiv HaTorá 1 sobre cómo el 50 es incontable ya que pertenece al etéreo y elevado mundo que no está subordinado al tiempo.
(24) Eruvin 57b.
(25) Bava Batra 24b-25a. Ver Rambam Hiljot Beit HaBejirá 7:13.
(26) Shemot 20:2.
(27)Rosh Hashaná 21b; Nedarim 38a. "Las 50 ocasiones que el Éxodo es mencionado en la Torá corresponden a las 50 Puertas de Entendimiento" (Gaón de Vilna, Aderet Eliyahu, Balak).
(28) Rambán, Introducción a Sefer Bereshit. Ver también Gaón de Vilna, Safra D'Tzniusa 1.
(29)Ver Rashi, Shemot 31:3.
(30) Iben Ezra, Shemot 31:3; Rav S.R. Hirsch, Bereishit 41:33.
(31) Gaón de Vilna, Aderet Eliyahu, Balak.
(32) Ver Nidá 45b.
(33) El Omer que se llevaba en Pesaj era una ofrenda de cebada, un grano que se usa para alimento animal. En contraste, los dos panes de Shavuot eran hechos de trigo, un alimento humano. Esto simboliza la transformación de una bestia no espiritual a un humano espiritual. Ver Sota 15b; Maharal, Tiferet Israel 25.
(34) Rosh Hashaná 21b. Ver "49: Medida completa". Paralelo a la inhabilidad de Moshe de alcanzar las 50 Puertas de Entendimiento, él no pudo pasar sobre el Río Jordán, cuyo ancho se dice que es de 50 codos (Tosafot, Sotá 34b), ni pasar sobre ni siquiera 1 codo del suelo de la Tierra Santa (ver Baal HaTurim, Devarim 3:25 y Rokeaj ad loc).
(35) Rambán, Introducción al Sefer Bereshit.
(36) Vaikrá 25:8-13.
(37) Shemot 21:6; Kidushin 21b. Esto se refiere al sirviente judío que rechaza quedar libre después de sus originales 6 años de esclavización.
(38) Maharal, Jidushei Hagadot, Rosh Hashaná 21b.
(39) Vaikrá 23:32.
(40) Ver Taanit 26b extendiéndose sobre el versículo, el día de Su boda (Shir HaShirim 3:11). Ver Rashi ad loc.
(41) En la Amidá, la bendición de teshuvá es yuxtapuesta a biná (Megila 17b). Ver Shelá HaKadosh, Julin, Tora Or 63, Shelá Toldot HaAdam, Beit Jojmá (segundo) 24. Ver Rav Tzadok HaKohen, Pri Tzadik, Tu BeAv, 6, sobre cómo el nivel de 50 Puertas del Entendimiento es el nivel de conocimiento entregado a un penitente.
(42) Ver Rav Itzjak Hutner, Pajad Itjak, Iom HaKipurim 1. Ver Shelá Toldot HaAdam, Beit Jojmá (segundo) 24, sobre como Iom Kipur es una fuente de biná, regresar el año pasado a sus raíces y fuente.
(43) Ver Panim Yafot, Vaikra 16:30.
(44) Rosh Hashaná 26ª y Rashi, Shemot 19:13 en la aceptación de la Torá en Sinaí, un sonido extendido del yovel (shofar) indicó que la Shejiná se había ido y el pueblo podía ahora subir a la montaña (Shemot 19:13). Esto también se relaciona con el cese de una fase.
(45) Rosh Hashaná 9b.
(46) Ver Minjat Jinuj, Mitzvá 335.
(47) Vaikrá 25:10-13. Ver también "9: ¿Hacia dónde dirigirse?".
(48) En Iom Kipur la puerta número 50 y la más profunda de todas se abre, el nivel más cercano de alcanzar entendimiento sobre los caminos de Dios (Sfat Emet, Iom Kipur 5653).
(49) Incidentalmente, podemos explicar con esto la razón de que, en la narrativa de Purim, Hamán haya construido una horca que era específicamente de 50 codos de alto (Ester 5:14). Simbólicamente, el malvado Hamán se presentó a sí mismo como un dios que "supuestamente" no estaba sujeto a la ley natural de la tierra (Maharal, Or Jadash, Ester 5:14). Ver también Maharal, Or Jadash, p. 175 y Beer Hagolá 4:14 para el simbolismo de esta horca de 50 codos construida de madera del Arca de Noaj (Yalkut Shimoni, 1056). Ver también Rav Tzadok HaKohen, Pri Tzadik, Purim, 2, sobre cómo la horca de Hamán de 50 codos corresponde a las 50 Puertas de Entendimiento.
(50) Maharal, Rosh Hashaná 21b, Jidushei Hagadot.
(51) Quien abusa de una jovencita debe darle a ella 50 monedas de plata para casarse con ella (Devarim 22:29). Esto es paralelo a que Israel recibe la Torá en Shavuot, el día 50 después de haber dejado Egipto (Rokeaj, Bereishit 32:11).
(52) Ver Tikunei Zohar, final del Tikún 22.
(53) Shemot 19:2 y Rashi ad loc.
(54) Las 12 Tribus de Israel estaban representadas en las Avnei Shoam, las piedras que estaban pegadas en los hombros de la vestimenta del Sumo Sacerdote. Había 6 nombres, que consistían de 25 letras, en cada una de las 2 piedras, un total de 50 letras (Sota 36a-b).

Extraído del libro Jewish Wisdom in the Numbers
http://www.aishlatino.com/h/sh/sinai/

jueves, 8 de mayo de 2014

Parashá Behar - (En el Monte). 10 Iyar 5774 - 10 Mayo 2014. Reflexiones

"...en el Monte Sinai...." (Vayikrá 25:1)

Una conversación imaginaria:

- "Inventemos esta religión en la que decimos a la gente que cada siete años tienen que abandonar las herramientas, dejar de plantar y cosechar, y que milagrosamente van a recibir una cosecha abundante en el sexto año, el año siguiente y el año después de ese cuando, por supuesto, no va a haber nada para cosechar ya que nada habrá crecido en el año séptimo...".

-"¿Estás loco, cómo puedes predecir el futuro? ¡Tu religión va a fracasar en el primero de los siete años cuando todos comiencen a estar hambrientos, cuando no haya nada que cosechar ni que comer!"

La Parashá de esta semana se inicia con las palabras "Y Hashem habló con Moshé en el Monte Sinai...".

¿Por qué la Torá se toma el trabajo de especificar que fue precisamente en el Monte Sinai que Hashem le explicó a Moshé la Mitzvá de Shemitá? ¿Acaso en el Sinai Moshé no recibió todas las otras Mitzvot?

El motivo por el cual la Torá conecta el Monte Sinai con la Mitzvá de Shemitá es para que entendamos que, asi como la Shemitá proporciona una prueba verificable de la veracidad de la Torá (pues seria imposible inventar una religión que tuviera un precepto semejante), del mismo modo, el resto de la Torá, que fue transmitido en el Sinai, es igualmente auténtico, tanto en lo general como en lo particular.

(Rashi y Jatam Sofer Rabí Yehudá ha Levi - Kuzari)

"...en el Monte Sinai..." (Vayikrá 25:1)

Toda la enseñanza de la Shemitá es que "la naturaleza" es una ilusión. Hashem dirige el mundo y asi como Él hace que no haya pérdida por no trabajar en Shabat, asi también él asegura que nada va a ser perdido por cesar de trabajar la tierra todo un año. Esto es para enseñarnos a no convertirnos en esclavos de la "naturaleza", porque este mundo no es más que un corredor al verdadero mundo de la espiritualidad. Pero el hombre no puede desasociarse a sí mismo del marco del mundo en el cual existe; la Torá claramente le ordena sembrar y cosechar por seis años, así como tiene que trabajar seis días por semana. Pero a través de contar los días de trabajo en relación al Shabat y los seis años de cultivo en relación al año de Shemitá, podemos conectar lo mundano y la rutina con lo sagrado y lo especial.

"La tierra observará un Shabat para Hashem..." (Vayikrá 25:2)

Cuando el pueblo judío estuvo esclavizado en Egipto, Moshé fue a ver al Faraón y lo convenció de que debía aliviar el yugo de los israelitas. Le explicó que cuando los esclavos trabajan sin descanso, al final terminan muriéndose. Y asi fue como, simulando que aconsejaba al Faraón como aumentar la producción, le sugirió que le concediera al pueblo judío un día libre a la semana. El Faraón aceptó su consejo, y le dio permiso a Moshé para que escogiera el día. Cuando, más adelante, Hashem dio el precepto de que el Shabat debería ser un día de descanso, Moshé sintió gran alegría de haber anticipado cuál sería el día en el que el pueblo descansaría.

En otras palabras, en Egipto, el pueblo judío ya contaba con el Shabat, pero únicamente como un respiro del trabajo agotador, y no como un precepto. Pero cuando Hashem les mandó el precepto del Shabat: "Observarán mis Shabatot", Israel descansa en Shabat, no porque necesite de un descanso, sino, única y exclusivamente, porque esa es la voluntad de Hashem.

En la parashá de esta semana hallamos un concepto parecido: "...La tierra observará un Shabat para Hashem". En el séptimo año, cuando dejamos que los campos de Eretz Israel permanezcan inactivos, no es para darles un descanso, para mejorar su rendimiento o para que los procesos ecológicos los renueven. Los dejamos inactivos únicamente porque eso fue lo que nos ordenó Hashem.

(Kedushat Levi)

".. en el Monte Sinai..." (Vayikrá 25:1)

La Mitzvá de la Shemitá le ordena al Pueblo judío que deje de trabajar sus campos cada séptimo año, con la promesa de que, milagrosamente, Hashem les proporcionará todas sus necesidades.

Sin embargo, el milagro de la Shemitá variaba de acuerdo con su nivel de bitajón (confianza en Hashem).

Cuando el pueblo judío tenía un nivel alto de bitajón, la cantidad de alimentos que se cosechaban en el sexto año no variaba de un año a otro; no obstante, alcanzaba para proveer nutrición durante tres años, en vez de uno.

Pero cuando el nivel de confianza en Hashem era bajo, los campos daban, en términos reales, tres veces la cantidad que se cosechaba en un año común.

En el primer caso, se producía un milagro oculto; en el segundo, un milagro descubierto. ¿Por qué el nivel más bajo invocaba un milagro aparentemente más grande, más abierto? El milagro descubierto siempre es el "segundo mejor" en el plan de Hashem. El Hombre es la criatura que está designada en forma especifica para tener libertad de elección. Los milagros abiertos son tan compulsivos que limitan la libertad de elección del Hombre.

No obstante, Hashem responde hasta al nivel más bajo de confianza en Él y proporciona la pirotecnia de un milagro abierto, si eso es lo que hace falta para hacer que el pueblo se sienta seguro.

Una vez, Rabí Jaim de Volozhin le preguntó al Gaón de Vilna qué es lo que quiere decir el Talmud cuando dice que uno de los atributos de Hashem es "estar satisfecho con Su parte". El Gaón de Vilna le respondió que la parte de Hashem es el pueblo judío. El querría que estuviésemos en un nivel más elevado, pero no obstante está satisfecho con nosotros, cualquiera sea el nivel en que nos encontremos.

"Y Hashem le habló a Moshé en el Monte Sinai, diciendo..." (Vayikrá 25:1)

Hashem le dijo a Moshé todas las Mitzvot en el Monte Sinai. Entonces ¿por qué la Torá registra en forma específica que la Mitzvá de Shemitá le fue transmitida a Moshé "en el Monte Sinai"? ¿Acaso todas las otras Mitzvot no le fueron también transmitidas a Moshé en el Monte Sinai?

Uno de los efectos de la Mitzvá de Shemitá es implantar en el corazón de pueblo judío la idea de que Hashem, a pesar de toda Su Trascendencia, igualmente supervisa hasta el más mínimo detalle de este mundo.

La Shemitá nos enseña que Hashem nos proporciona todo lo que necesitamos a pesar de al parecer no somos más que un punto minúsculo en el espacio intergaláctico. En Sus ojos, todos esos billones de años luz no son más que un parpadear de ojos.

No está "por debajo de Su dignidad", por decirlo de alguna manera, el interesarse por este plano físico nuestro. Pues "en el lugar de la grandeza de Hashem, allí está Su humildad".

Hashem eligió, como el sitial para Su revelación, no al Monte Everest, la montaña más alta del mundo, sino al humilde, bajo Sinai. Fue en el Sinai que Él quiso revelarnos Su Torá. Pues a pesar de toda la inefable Majestad y Trascendencia de Hashem, la humildad de espiritu Le son muy preciadas.

Y precisamente ahí está la conexión entre la Shemitá y el Sinai: asi como la Shemitá pone de manifiesto que Hashem se ocupa hasta de este mundo tan bajo, asi también Él nos reveló la Presencia Divina en el Sinai, la más baja de las montañas.

"Y haréis Mis jukim, y Mis mishpatim, las observareis" (Vayikrá 25:18)


Todo el mundo sabe que los judíos no comen cerdo. ¿Por qué?

La historia se remonta a hace tres mil años, cuando la refrigeración no había alcanzado aún gran nivel de sofisticación, y la contracción de triquinosis por comer cerdo era una amenazadora realidad.

Pero ahora, que todos contamos con heladeras que producen cubitos de hielo a montones, y se puede congelar una chuleta uno y hasta dos años, uno no tiene por qué negarse uno de los deleites gastronómicos más finos de la "haute cuisine". Ese es el cuento que te cuentan...

Pero la verdad del asunto es que el cerdo, al igual que el shatnez (la mezcla de lana y lino en la ropa) es un jok, una ley que está más allá del entendimiento humano.

Las leyes que prohíben la conducta antisocial en la Torá se llaman mishpatim. Toda persona razonable entiende que está prohibido robar o asesinar. Ninguna sociedad civilizada permite semejantes actos.

Sin embargo, para el judío el asesinato esta prohibido debido a que la Torá dice que está prohibido. Matar a una persona y llevar puesta una prenda que contiene shatnez son dos actos que comparten una misma esencia: ambos fueron prohibidos por el Creador.

Hashem le permitió a nuestra lógica comprender por qué está prohibido matar. Pero no hizo lo mismo con la prohibición de comer cerdo.

En el versículo antedicho, la Torá habla de "hacer" los jukim (los preceptos supralógicos), mientras que al referirse a los mishpatim (leyes aparentemente lógicas) habla de "observar".

¿Qué diferencia hay entre "hacer" y "observar"? La esencia misma del jok reside en hacerla. El desafió del jok es decirse a sí mismo: "El mundo no se limita a lo que yo entiendo de él. Y porque no pueda entender algo no significa que no sea cierto". Por eso, la esencia misma del jok es hacerla. Ese es el desafió.

Pero cuando se trata de los mishpatim, nos enfrentamos a un desafió diferente. Es obvio que está prohibido robar y matar. ¿Cuál es la prueba?

Hace muchos años, ocurrió una tragedia desgarradora. Habia una mujer que sufría una terrible enfermedad incapacitada. Día tras día, su marido la veía sufrir. Un día, fuera de si de tanta angustia, le dio una sobredosis de barbitúricos.

El desafió de los mishpatim es observarlos. No excusar el asesinato, llamándolo "muerte piadosa" o "eutanasia". Aquel Cuya piedad es eterna decreta que no debemos matar. ¿Cómo vamos a ser nosotros más piadosos que Di-s, Cuyo Nombre es "El Compasivo"?. El desafío de los preceptos "lógicos" consiste en no manipularlos indebidamente, no pervertirlos según nuestros propios conceptos de bien y mal.

Incluso cuando el corazón se quiebra de dolor, cuando nuestros seres más queridos se enferman y mueren, a veces con enorme sufrimiento, el desafío de los mishpatim es saber que nuestra mente no puede ni podrá entender nunca la lógica más esencial de hasta aquello que nos parece lógico a nosotros.

(Rabí Isajar Frand)

"Cuando vengáis a la tierra que os estoy dando, la tierra observará un descanso de Shabat para Hashem" (Vayikrá 25:2)

Al mirar el membrete de algunos estudios jurídicos, uno podría pensar que está leyendo la guía de teléfonos de Nueva York. Parecería que todo el mundo es un socio menor.

En cierto modo, nosotros también queremos ser socios menores. Los socios menores de Hashem. Pensamos: "Está bien, Di-s, Tú diriges el mundo. Tú eres el Jefe. Yo solamente quiero ser socio menor en mi zona, para poder hacer lo que me plazca. Necesito tener mi propio espacio".

¿Cómo vas a tener tu propio espacio cuando "Su Honor colma la tierra"? ¿Cómo vas a ser el socio menor de Aquél para el que no hay un "dos"? El judío está de servicio las veinticuatro horas del día, los siete días de la semana, desde la cuna hasta la tumba.

Nosotros somos el Pueblo que Di-s eligió para que Lo sirviera. Pero esto tal vez suene un poco prohibitivo. ¿Acaso no soy más que una cifra? ¿Un autómata sin mente que obedece instrucciones? ¿Dónde está mi espacio? ¿Dónde está mi individualidad?

En realidad, Hashem sí nos deja ser los socios menores. Pero no entramos en sociedad para poder "hacernos una escapadita" para ir a jugar al tenis a la tarde. No. Esta es una sociedad en la mismísima creación del tiempo.

Cuando Hashem creó el mundo, lo creó con dos clases de santidad, que están expresadas en el Shabat, por un lado, y en las Fiestas, por el otro.

La santidad del Shabat es fija e inmutable. Cada siete días entramos a un mundo llamado "Shabat". No precisa de intervención de nuestra parte. El Shabat fluye desde los mundos superiores sin nuestra asistencia, y por encima de nuestro control.

Las fiestas de Pésaj, Shavuot y Sucot son otro tema. Hashem le permite al Hombre, en tanto que Beit Din, que establezca el día en que comienza el mes, y, por ende, las fechas exactas de las fiestas.

Con respecto a la Shemitá (el año sabático para la tierra), la Torá afirma: "La tierra observará un Shabat para Hashem". Exactamente la misma expresión que se emplea en la creación del Shabat. "Un Shabat para Hashem".

Asi como hay dos tipos de santidad en los días y en los meses, el Shabat y las fiestas, también hay dos tipos de santidad en los años. El séptimo año es como un Shabat de la tierra. Su santidad es "fija", como la del Shabat. La santidad de yovel (el año de jubileo) es como la santidad de las fiestas. Su santidad representa la relación de Di-s con el Hombre. "Porque es un yovel; santo será para vosotros".

Si no se toca el Shofar al comienzo del año de yovel, entonces el año no es yovel. Si no se libera a los esclavos, ese año no es yovel. Si no se devuelven los campos a sus dueños originales, ese año no posee el status de yovel y está permitido cosechar y sembrar, como en cualquier otro año.

El año de Shemitá es diferente. Su santidad es fija, independiente del Hombre. Aunque no se hayan contado los años, aunque el Beit Din no hay santificado el año como un año de Shemitá, y no haya habido cese de cosecha y de siembra, el año de cualquier forma es de Shemitá.

Es por eso que la Shemitá es llamada "un Shabat para Hashem". La Semita, igual que el Shabat, no permite "socios menores".

(Torat Cohanim, Rosh Hashaná 9, Rambán Hiljot Shemitá y Yovel. cap. 26, Meshej Jojma en Iturei Torá)

Shabat Shalom.
 

La Cuenta del Omer: El secreto de las 7 semanas

El mandamiento de contar el omer es uno de los preceptos más curiosos de la Torá. Se nos pide contar los 49 días entre Pesaj y Shavuot a pesar de que, por supuesto, el número de días nunca cambia. Es por eso que en el cumplimiento de esta mitzvá, que requiere un esfuerzo continuo, el proceso es en sí mismo valioso.
La palabra para "número" en hebreo es "mispar" y su raíz está muy relacionada con la palabra "sipur" - que significa "cuento". ¿Cuál es la relación entre estas dos palabras?
Contrariamente a una antología casual de eventos, una serie de eventos se convierte en un cuento o una historia cuando hay un comienzo en el cual los personajes son presentados, una trama en la cual toma lugar la situación, y un desenlace en el cual aparece el final de la historia.
Nuestras vidas corren tan rápido que frecuentemente perdemos conciencia del enorme poder de nuestras propias historias. La metamorfosis de hoy hacia mañana es lo suficientemente sutil como para que perdamos la conciencia sobre los comienzos y los finales de nuestras vidas.
El mandamiento de contar el omer nos enseña a prestar atención a las cosas, y reabre nuestros corazones para escuchar historias.
¿Y qué historia es contada?
Hay dos historias que están entrelazadas.
La primera es la historia de la transformación de un pueblo que en Pesaj se liberó físicamente, a un pueblo que en Shavuot se liberó espiritualmente.
El día que dejamos Egipto fue un día en el cual nosotros rechazamos la definición egipcia de lo que nuestras vidas pueden ser. Nosotros nos liberamos para ser lo que queríamos ser. Pero aún no conocíamos nuestra propia historia. Fue sólo cuando recibimos la Torá que encontramos los canales que podían darle expresión a nuestras almas.
Fue entonces así que aprendimos el proceso de encontrarnos con los desafíos que son genuinos y duraderos. Nuestra historia comenzó a evolucionar.

Cebada y trigo

Los rituales que definen esta época del año reflejan este cambio. El sacrificio que era ofrecido en Pesaj era de cebada. En tiempos pasados, la cebada era usada como pastura para los animales. El sacrificio que era ofrecido en Shavuot era de trigo. El trigo es frecuentemente usado como una alegoría de la capacidad humana para usar su inteligencia. Mientras que un animal puede comer una fruta o una hoja, hacer pan requiere de la inteligencia y creatividad humana.
El pueblo judío fue transformado de ser un buscador de libertad en ser un buscador de humanidad.
Lo que esto simboliza es la transformación del pueblo judío, que primero fue definido mediante las búsquedas y los deseos de una libertad que es compartida con los animales, en un pueblo de humanos verdaderamente evolucionados. Esto es realmente una historia.
¿Qué nos hace verdaderamente humanos? La literatura mística discute los vínculos que compartimos con Dios, siendo estos lazos el factor que nos humaniza. Estos vínculos son llamados sefirot, un nombre que, como es obvio, tiene también la misma raíz que "mispar" y "sipur" -número e historia.
Esta raíz en común nos muestra el hecho de que el comienzo, la trama y el final de nuestra historia son finalmente limitados y finitos, pero de todas maneras son tocados por la chispa infinita de Santidad que hay dentro de nosotros.
La mención más temprana de este concepto místico es presentada en un libro de cábala llamado "Sefer Ietzirá" - literalmente "Libro de Formación" - el cual es atribuido a Abraham Avinu. Hay más de mil comentarios escritos sobre el Sefer Ietzirá, pero aún así todavía es uno de los libros judíos más esotéricos sobre la naturaleza de Dios.
En el 1500, el Rab Itzjak Luria - un místico proveniente de Egipto que se asentó en Tzfat y que es conocido mundialmente con el nombre de Ari (literalmente "león") - dilucidó con una increíble claridad las secciones más enigmáticas de la cábala a un grupo seleccionado de discípulos. Subsecuentemente, las enseñanzas místicas del judaísmo se hicieron mucho más accesibles de lo que habían sido en el pasado.
Una de sus enseñanzas centrales es el significado de obtener conciencia sobre el vínculo que compartimos con Dios, las sefirot de nuestras almas espirituales.

Los 7 aspectos de santidad

Examinemos ahora los vínculos con Dios que nos hacen humanos - los siete aspectos expresivos de santidad. Cada uno de estos siete aspectos se relaciona con una de las siete semanas de Sefirat haOmer.
1. El primero es Jesed, "benevolencia".
Mientras que los impulsos del cuerpo están dirigidos hacia uno mismo, los impulsos del alma están dirigidos hacia afuera, hacia otros. Nosotros amamos a quien le entregamos porque ellos confirman la existencia de nuestra espiritualidad. Nosotros vemos nuestro "yo" más elevado reflejado en ellos.
2. El segundo es Guevurá, "fuerza" o "poder".
Esto se refiere específicamente a fortalecer el alma de uno para sobrepasar los obstáculos que están delante de ella. Nosotros tenemos la capacidad de vivir por nuestras metas, y para hacer los sacrificios necesarios para obtenerlas. La meta final de cada judío es ser una fuente de luz. En función de llegar a este fin, debemos someter nuestro ego y nuestros deseos a la inspección minuciosa de la Torá de Dios.
3. El tercero es Tiferet, "belleza".
La belleza es creada a través de la armonía y el contraste - eso es, cuando nosotros hacemos una "unión". Cuando nos convertimos en personas con el valor de la verdad, nuestras palabras, pensamientos y acciones se unen. Sólo los humanos pueden mentir. La razón para esto es que sólo los humanos tienen la posibilidad de crearse a sí mismos de alguna manera. Usando las palabras del Maharal de Praga: "nos damos nacimiento a nosotros mismos". Cuando mentimos caemos en nuestro deseo animal de la comodidad y la facilidad. Cuando decimos la verdad, nos reconectamos con la realidad trascendental de Dios y elegimos ser auténticos como seres humanos.
4. El cuarto es Netzaj, "infinidad".
Cualquiera que alguna vez haya resistido el deseo de obtener gratificación inmediata ha tocado esta cualidad. Es la fuente de la esperanza y la aspiración de crecer.
5. El quinto es Hod, "esplendor".
En hebreo hod es un sustantivo que significa literalmente "esplendor", pero como verbo significa "confesar" y "agradecer". Como seres humanos nosotros podemos ser movidos por el esplendor, ya sea que su fuente esté en lo espiritual o lo físico. Nuestra habilidad para ser verdaderamente sensibles en este sentido es lo que nos inspira a expresar agradecimiento. Frecuentemente nos resistimos a permitirnos ser agradecidos por la fragilidad de nuestra autoestima. Cuando nosotros comenzamos el día con las palabras Modé Aní – "Te agradezco" - estamos expresando nuestro agradecimiento a Dios, y simultáneamente nos vemos a nosotros mismos como creaciones merecedoras de vida
6. El sexto es Iesod, "fundación".
Esto se refiere a nuestra habilidad para vincularnos. Este aspecto es llamado "fundación" porque es la fundación misma de todas las interacciones. Lo que nosotros finalmente buscamos en las relaciones es bondad. Inevitablemente si tendríamos que elegir una característica en una futura pareja, sería una característica espiritual. Para algunos de nosotros sería la compasión, para otros sería la honestidad o la sensibilidad. Si nosotros vemos nuestro propio bien reflejándose hacia nosotros, nosotros amamos a la otra persona aún más. Lo que esto nos está diciendo es que lo que estamos buscando en última instancia, es un vínculo espiritual. Nosotros estamos buscando la cara de Dios.
7. El atributo final es Maljut, "reinado".
Esto se refiere a nuestra habilidad de materializar el reinado de Dios en todo el mundo y en nuestros propios corazones. La manera de hacer esto es mediante el reconocimiento de que nuestras misiones son de significado infinito. Al mismo tiempo mantenemos la humildad que resulta de saber que sólo podemos ver como propio un pequeño trozo de infinidad.
Las siete semanas entre Pesaj y Shavuot tienen el potencial espiritual para darnos la habilidad de hacer que nuestras historias se desarrollen. Nosotros podemos hacer que cada día cuente, y lograr ser más humanos de lo que jamás hubiésemos imaginado.

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viernes, 25 de octubre de 2013

Parashá Jaye Sará - (Vida de Sará). 25 Jeshván 5773 ( 26 de Octubre de 2013 ).Abraham Entierra a Sara y Busca una Esposa para Itzjak

Una historia verídica:
 
Rajel, la hermosa novia, observaba nerviosa por la ventana. “¿Cuándo llegará?, se preguntaba repetitivamente. Hoy era el día en el que debía casarse con el santo rabino Jaim de Sanz, al que nunca había visto. Habían estado comprometidos por más de seis meses, sin embargo, cada vez que se agendaba un encuentro, el clima inclemente u otra circunstancia extenuante posponía la reunión.
Ahora el salón estaba lleno con los más importantes dignatarios de Galicia (Sur de Polonia) que habían venido desde lejos para acudir a la boda del santo rabino. Finalmente el momento llegó y un carruaje tirado por caballos se acercó al salón. El rabino Jaim salió del carruaje, cojeando como el jorobado de Notre Dame.
Con furia, la novia llamó a su padre: “¿Por qué no me dijiste que él era cojo?”, preguntó ella. Tratando de calmarla, él respondió, “Él es tan versado, piadoso y santo, que ni siquiera te vas a dar cuenta de su impedimento físico”.
Sin conmoverse, Rajel anunció: “¡Me niego a contraer matrimonio con él!”.
Imagina el caos que se generó cuando se esparció la noticia de que la novia se había arrepentido. Para evitar esta vergüenza, sus familiares y amigos (¡especialmente el proveedor de la comida!) hicieron todo lo posible por convencerla, pero no tuvieron éxito.
Finalmente, el novio mismo pidió hablar cinco minutos con ella en privado. Después de que hablaron por unos minutos, la novia se volvió a la multitud, con una amplia sonrisa y anunció que... ¡la boda continuaba!
¿Qué le dijo él?
Los Jasidim revelaron: Él citó el Talmud que dice, “Cuarenta días antes de la formación del embrión, una voz celestial anuncia: Este se va a casar con esta”.
El santo rabino Jaim le dijo a Rajel: “Cuarenta días antes de que te formaras, yo escuché la voz celestial y pedí ver a mi futura novia. La imagen que vi fue un bebé cuyas piernas estaban mutiladas. ¡Que cosa tan triste que una niña tenga un impedimento toda su vida! Entonces recé y pedí tener el impedimento en vez de que lo tuvieras tú”.
 
“Las parejas se hacen en el cielo”, es el tema de la parashá de esta semana. El matrimonio de Itzjak y Rivka nos enseña muchos valores y reflexiones de la Torá en relación al amor y al matrimonio.
 
La Muerte de Sara
 
La parashá comienza con la muerte de Sara. De acuerdo a la tradición esto ocurrió como resultado inmediato de la “Akedá” (El atamiento de Itzjak). El Midrash cuenta que Abraham le dijo a Sara: “Llevaré a Itzjak a estudiar Torá en Hebrón”. (Ahora entendemos por qué se levantó temprano, ¡antes de que ella pudiera cambiar de opinión!).
Cuando llegó la noticia a su casa en Beer Sheva de que Itzjak había sido llevado al altar, Sara corrió a Hebrón a ver si estaba allí. (Eso explica porqué ella murió en Hebrón). El mensaje que ella recibió fue: “Tu marido Abraham ató a Itzjak en el altar como una ofrenda…” Sin embargo, antes de que Sara pudiera escuchar el resto del mensaje – que Itzjak estaba a salvo – murió. Estaba emocionalmente tan conectada a Itzjak que no pudo soportar la idea de su muerte.
“Y Abraham fue a llorar y a elogiar a su esposa Sara” (Génesis 23:2)
Pregunta: ¿De dónde venía Abraham? ¿Y cuál fue su discurso?
Respuesta: Los sabios explican que Abraham llegó de la “Akedá” y encontró a Sara muerta como resultado directo de su increíble acción. Esto fue otra prueba para Abraham. ¿Acaso se arrepentiría de su buen acto y perdería el mérito del mismo (así como el hecho de arrepentirse de los malos actos elimina el castigo)?
Abraham no se arrepintió, y esta reacción formó la esencia de su discurso mortuorio: El hecho de que Sara tuviera un marido y un hijo que estaban dispuestos a sacrificar todo por Dios. ¡Ese fue el mejor elogio que pudo recibir!
 
La Cueva de Majpelá
 
El Midrash dice que cuando Abraham estaba listo para sacrificar al becerro para sus invitados (ver parashá Vaierá), el becerro se escapó. Abraham lo persiguió por todo el camino hasta la cueva de Majpelá en Hebrón. Cuando Abraham entró a la cueva, encontró ahí las tumbas de Adam y Java. Fue ahí cuando decidió que quería ese lugar santo como terreno para enterrar a su familia.
En una famosa negociación, Abraham trató de comprar la cueva de Majpelá de Efrón el Hití. El comentarista del siglo 19, Malbim, explica que a pesar de que los vecinos de Abraham lo respectaban mucho, ellos se negaron a conferirle el estatus legal de ciudadano y la ley establecía que sólo los ciudadanos podían comprar terrenos para tumbas.
Los Hititas le ofrecieron a Abraham el mejor lugar para enterrar a Sara diciendo, “Nadie te va a impedir utilizar el lugar de sepultura para enterrar a tu muerto” (Génesis 23:6). Su intención era decir: “La tierra es nuestra, pero te damos una tumba en nuestro terreno”.
Después de inclinarse para expresar agradecimiento, Abraham explicó que desde su punto de vista, no enterrar a los seres queridos en un terreno familiar sería equivalente a abandonar sus cuerpos. Luego les mencionó un resquicio legal: No me vendan la cueva, sólo “dénmela” (como regalo) y por supuesto los recompensaré – “con mucho dinero él me la dará” (Génesis 23:9). Esto evitaría el problema legal de vender a un no ciudadano.
Todo lo que quería Abraham era la cueva, y enfatizó que estaba ubicada al final del campo, para no molestar la producción agrícola en el campo de Efrón. Efrón contestó educadamente, “Te he dado el campo y la cueva” – enfatizando que era un trato global, entonces si quieres la cueva tienes que comprar también el campo.
En ese momento Abraham mostró unas monedas de plata y dijo, “Por favor ya toma mi dinero” (Génesis 23:13) – como diciendo, en mis ojos es como si ya lo hubieras tomado.
La ambición de Efrón se apoderó de él: “Mi señor, por la insignificante suma de 400 shekels de plata (el ingreso anual promedio era cerca de 10 shekels), ¿por qué hacer un alboroto entre buenos amigos? (Génesis 23:15 – Rashi).
Abraham pagó la suma completa, sin absolutamente ninguna concesión ni reducción; Efrón incluso exigió monedas totalmente comerciables. Efrón era el clásico ejemplo de “Decir mucho y hacer poco”.
En este punto, el campo y la cueva experimentaron una elevación espiritual y se convirtieron en posesión de Abraham y del pueblo judío para siempre.
Es digno de mencionar que Hebrón fue comprada justamente por Abraham, tal como Shjem fue comprada por Yaakov y Jerusalem por el Rey David, así como está registrado explícitamente en la Biblia. ¡Es interesante que hoy estos lugares son una gran controversia con nuestros vecinos!
 
Una Novia Para Itzjak
 
Después de haber estado tan cerca de perder a su querido hijo Itzjak, Abraham decidió que había llegado el momento de casarlo. Abraham llamó a su confiable sirviente Canaanita Eliezer y realizó una promesa. (A pesar que Abraham confiaba en él totalmente para manejar sus finanzas, casar a su hijo era una misión espiritual que requería una promesa). Eliezer juró que no tomaría una esposa para Itzjak de las mujeres Canaanitas y que no permitiría que Itzjak volviera a vivir en el “viejo país” (de donde provenía Abraham).
Rashi nos dice que Eliezer también tenía una hija que podía ser candidata para ofrecer, pero Abraham la declinó diciendo, “Yo soy bendito y los Canaanitas son malditos. Eso no hace una buena pareja”.
Pregunta: Ideológicamente, ¿no son acaso las hijas de los discípulos Canaanitas de Abraham, como Eliezer, más deseables que las idólatras de la tierra de Abraham? ¿Por qué molestarse en volver a casa?
Respuesta: La ideología puede ser cambiada con una persuasión adecuada. Sin embargo, los rasgos de carácter son de nacimiento y son extremadamente difíciles de cambiar. Los Canaanitas eran los hijos de Jam y Canaan que fueron maldecidos por Noaj, y a pesar de todo lo bueno de su ideología, ellos mantenían el carácter de Jam. Por otra parte, la familia de Abraham tenía buen carácter, a pesar de adorar ídolos.
En un matrimonio, los rasgos de carácter deben ser el factor más importante; la ideología puede cambiar fácilmente.
 
La Misión de Eliezer: Recuento Paso a Paso
 
(1) Eliezer tomó 10 de los camellos de su amo (reconocibles por sus mordazas, que sólo se quitaban cuando estaban en campos sin dueño) y toda la riqueza de su amo en su mano. (Génesis 24:10)
Pregunta: ¿Cómo pudo Eliezer llevar toda la abundante riqueza de Abraham en su mano? (“¿¡Acaso él tenía al mundo en sus manos!?”).
Respuesta: Abraham escribió un documento (con fecha del día del viaje de Eliezer) nombrando a Itzjak como su único heredero. Entonces Eliezer llevó este documento, representando toda la riqueza de Abraham, en su mano.
(2) “Se levantó y fue a Aram” (Génesis 24:10), sin mencionar su tiempo de viaje. Los sabios dicen que Eliezer experimentó un “milagroso acortamiento del viaje”, momentos después de salir, llegó a destino.
(3) “Él hizo descansar a los camellos en el pozo, en la tarde” (Génesis 24:11). Eliezer tenía intereses propios, a él no le habría molestado fallar en su misión de encontrar una esposa para Itzjak, dándole así una nueva oportunidad a su hija. Aún así, Eliezer se sobrepuso a esos pensamientos y rezó a Dios para ser exitoso por el mérito de su santo amo Abraham.
(4) El problema principal de Eliezer no era “quién querría casarse con Itzjak”. Toda candidata quería ser su esposa, y todo padre quería estar relacionado con el famoso Abraham. Pero, ¿cómo iba a saber Eliezer quién era la correcta? Él rezó y repentinamente tuvo una idea brillante: Quien ofrezca agua a los camellos, ha incorporado el principio de la “bondad” en su vida. Este era un requerimiento necesario para unirse a la familia de Abraham.
(5) Eliezer justo había terminado su rezo, cuando Rivka (la prima de Itzjak) fue a sacar agua del pozo. Mientras se aproximaba al pozo, las aguas milagrosamente subieron a encontrarla. Ella llenó su cántaro con el agua de la familia y se puso en camino.
(6) Eliezer corrió hacia ella: “¡Por favor, dame un sorbo de agua de tu cántaro!” (Génesis 24:17). Rivka accedió y corrió. “¡Toma mi señor!”, le dijo a Eliezer, y él tomó. Apenas había terminado de tomar cuando de pronto, Rivka le ofreció agua para los 10 camellos. (Génesis 24:19)
Pregunta: ¿Por qué se interesó repentinamente en los camellos?
Respuesta: Primero, ella tenía un problema técnico. “¿Cómo puedo llevar esta agua a casa después de que un extraño tomó de ella? ¿Tal vez no es sano?”. Por otra parte, botar el agua y volver a llenar el cántaro después de los pocos sorbos que él había tomado sería avergonzarlo en público. ¿Cuál fue la solución de Rivka? ¡Dársela a los camellos!
Segundo, este hombre recién había llegado de un largo viaje. Estaba sentado cerca del pozo sin embargo carecía de la fuerza para sacar agua para poder tomar. Es por eso que le pidió agua a ella. Si era así, ¡obviamente no era capaz de sacar agua para los pobres y sedientos camellos!
(7) Rivka realizó una hazaña sobrehumana. La joven niña hizo decenas de viajes al pozo para darle agua a los 10 camellos (aproximadamente 500 litros a cada uno) hasta que terminaron de tomar. Obviamente, este no fue el primer acto de bondad de Rivka. La Torá no es un libro de historia, y por lo tanto, no registra cada historia que sucede. Si ella fue capaz de realizar este acto, obviamente ella se había trabajado y había crecido a través de muchas instancias previas.
Pregunta: ¿Quién fue el mentor de Rivka? ¿Quién inspiró a una pequeña niña, que vivía en medio de idólatras, a desarrollar esas preciadas cualidades de carácter? (Los sabios se refieren a ella como la “rosa en medio de las espinas”).
Respuesta: Abraham abrió sus tiendas a todos los peregrinos y les enseñó sobre un Dios bondadoso, un Dios que quiere que actuemos con bondad ante las demás personas. Cuando estos peregrinos iban a la tierra de Aram, ellos visitaban a la familia de Rivka y les contaban sobre su tío Abraham y todos sus actos de bondad. Rivka absorbió estas historias, las tomó en serio y decidió seguir el camino de Abraham haciendo bondad constantemente, culminando con este extraordinario acto. (Avigdor Miller)
(8) Eliezer, sin hacer preguntas, sacó un anillo de oro para la nariz que pesaba una “beka” y un collar que pesaba 10 piezas de oro. Rivka le informó de su identidad (como pariente de Abraham) y el sirviente inmediatamente se inclinó al suelo y le agradeció a Dios.
Rashi nos cuenta que el anillo simbolizaba el shekel (moneda de plata que se donaba en el templo en los sacrificios comunales) que pesaba una “beka” y que las 10 piezas de oro correspondían a los Diez Mandamientos.
Pregunta: ¿Cuál es su relevancia aquí?
Respuesta: El tratado Talmúdico "Ética de los Padres" nos informa que el mundo se sostiene en tres pilares: Torá, Servicio Divino y actos de bondad. Dado que Rivka había realizado un tremendo acto de bondad, Eliezer le informó que sus hijos iban a aceptar los Diez Mandamientos (Torá) y que iban a llevar sacrificios al Templo (Servicio Divino).
(9) Rivka corrió a su casa a contarle a su madre. Rivka le mostró las joyas de oro y le contó a todos sobre el hombre que creía en Dios y que le agradecía a Él. Su hermano Laván (a pesar de que su nombre significa blanco, “¡no había nada blanco sobre él excepto su nombre!”) corrió a conocer al extraño. Laván pensó “Mira lo que pagó por un trago de agua, ¡¿puedes imaginar cuánto va a pagar por alojamiento?!”.
Laván exclamó: “¡Ven, bendito de Dios! Yo limpié la casa” (Génesis 24:31), al limpiarla de ídolos (Rashi). ¿Por qué repentinamente Laván es tan justo? Él pensó: Si Eliezer cree en Dios y tiene mucho dinero, ¡entonces yo también voy a creer en Dios!
(10) Eliezer entró a su casa y lo invitaron a comer. Él proclamó: “No puedo hablar antes de decir lo que tengo que decir” (es decir, lavar mis manos y recitar las bendiciones, así como la bendición del pan). “Soy el sirviente de Abraham” (es decir, cuidamos la Tora y no podemos comer no casher). (Génesis 24:34 – Baal HaTurim).
(11) Eliezer repitió la historia completa del encuentro con Rivka y les mostró el documento (con la fecha de hoy, probando que su viaje había sido ultra rápido) y le pidió la mano de Rivka para que se casara con Itzjak. En caso que no estuvieran de acuerdo, Eliezer nuevamente sugirió a su hija.
Pregunta: ¿Acaso no le había dicho Abraham a Eliezer, “Yo soy bendito y tú eres maldito”? ¿Por qué continuaba Eliezer mencionando el tema?
Respuesta: Después de que Laván bendijo a Eliezer “Bendito de Dios”, Eliezer se consideraba a sí mismo como bendito.
(12) La familia de Rivka respondió: “El tema ha venido de Dios” (Génesis 24:50), de lo que el Talmud deriva que “las parejas se hacen en el cielo”. El judaísmo cree en la Divina Providencia en todos los aspectos de la vida. Dios provee todas nuestras necesidades a lo largo de la vida. Al buscar una pareja, la mano de Dios se puede ver en forma particular.
(13) Laván planeó envenenar a Eliezer para poder quedarse con todo su dinero. Pero un ángel dio vuelta la situación (ruleta rusa) y el padre de Rivka, Betuel (que planeaba retrasar la boda), fue envenenado en su lugar. Cuando la madre de Rivka y su hermano trataron de demorar las cosas, Rivka misma dijo que ella quería que las cosas avanzaran. Aprendemos de aquí que la novia y el novio deben estar los dos de acuerdo para casarse y que los padres no pueden forzar la voluntad de sus hijos.
Pregunta: ¿Por qué la Tora relata la historia de Eliezer tan extendidamente – ¡dos veces! – mientras que en otras situaciones la Tora es tan meticulosa con cada palabra e incluso leyes importantes están dadas a conocer solamente de forma indirecta?
Respuesta: Los sabios dicen, “¡Dios disfruta de la conversación de los sirvientes de los patriarcas (y ciertamente de la conversación de los patriarcas mismos) más que de la Tora de sus hijos! Por el gran amor de Dios por nuestros ancestros, Él da detalles sobre sus conversaciones, más que sobre las leyes entregadas posteriormente. (¡Por supuesto, podemos aprender muchas lecciones de esta conversación!).
Todo el punto del libro de Génesis es mostrarnos cómo las acciones de los ancestros plantan la semilla para sus hijos.
 
El Regreso a Israel
 
Eliezer regresó a Israel con Rivka. Montaron los camellos y llegaron rápidamente a casa. Itzjak estaba meditando en el campo, componiendo el rezo de Minjá de la tarde. Cuando Rivka vio a Itzjak, se bajó del camello. Se negó a conocerlo mientras montaba, para de esta manera enfatizar la igualdad entre ellos. Ella se puso el velo para conocer a su novio. Itzjak se casó con Rivka y la amo (¡en ese orden!) y la presencia de Dios volvió a la tienda de la familia.
Los sabios explican que mientras Sara vivía, el pan que ella horneaba se mantenía fresco toda la semana. Las velas que ella encendía estaban prendidas toda la semana. Sobre la tienda había un pilar de fuego que representaba la presencia de Dios. Cuando Sara murió, estos milagros cesaron, hasta que Itzjak se casó con Rivka y en ese momento los milagros regresaron.
Esto significa que el primer “Templo” judío fue realmente la tienda de los patriarcas, donde las matriarcas desempeñaban el rol del Sumo Sacerdote para mantener la presencia divina ahí. El subsecuente Tabernáculo en el desierto y los Santos Templos de Jerusalem fueron una continuación de esa tienda.
Hasta este día, cada pareja que se casa trabaja para llevar la presencia divina a su hogar y la esposa es la guardiana de su santidad.
 
La Muerte de Abraham
 
Abraham se casó con Keturá (por tradición sabemos que era Hagar) y tuvo seis hijos y muchos nietos. Aún en vida, Abraham los mandó al este. (Algunos dicen que esto se refiere a los orientales que recibieron poderes espirituales de su padre, pero mantuvieron distancia con los hijos de Itzjak).
"Y Abraham murió a una edad avanzada y madura, un anciano, saciado de días” (Génesis 25:8). Abraham vivió una vida milagrosa y sus días estuvieron llenos de logros. Él hizo que cada día contara sirviendo a Dios. Ishmael se arrepintió durante la vida de Abraham. Esav aún no dejaba el corral. La nación judía estaba en camino.